a tu mamá también
Hoy escribiste, solo para recordarme que la estás pasando mal, solo para notificarme que también es difícil para ti. Quieres dejar claro que la vida se quedó varada en algún lugar de una ciudad imposible. Yo también llegué a otro destino pero por una ruta distinta. Aquella que decidimos no compartir por ir en búsqueda de eso que, diferenciadamente, necesitábamos.

Al igual que tú, en este punto, también he asegurado que tomamos la mejor decisión.

Más días en "cuarentena", más días en donde se me complica mucho dormir, más días dándole vuelta a la idea de irme de Lima apenas pase todo esto.

Decido llamar a Violeta, avergonzado, con la cola entre las patas, pido perdón, me pide unos días para pensar sobre el asunto de fin de año y cuelga. Intento escribir y termino comprando un ron y armando unos porros porque lo único que quiero es dormir, 12 horas corridas u 8 horas, pero dormir. Cuando estoy bloqueado creativamente a veces tomo decisiones radicales o estúpidas, depende desde donde lo veas.

Me pongo a ver una película de Tarkovsky un viernes por la noche y termino soñando. Mi subconsciente me recuerda lo egoísta que he sido con Violeta y me levanto pensando que lo mejor sería dejarla ir. Es un patrón masculino histórico y cojudo el sentirse miserable luego de no haber sido responsable afectivamente cuando tenías la oportunidad. En la mayoría de casos es demasiado tarde y yo ya tenía el título del "rey de la puntualidad" en la frente.

El sábado me levanto al mediodía, aún con resaca, tomo mi bicicleta y me voy a manejar sin audífonos, la cabeza me revienta y la ola de la lucidez me recuerda lo ahogado que estoy en mi ansiedad. Voy desde Los Olivos hasta San Miguel, me abraza el ruido de la ciudad y me dejo atrapar por él. Pedaleo con bronca, con un mal sabor en los labios, con la rabia de un niño que acaban de negar la salida al recreo o la de un adolescente que le quitaron el celular como castigo.

Regreso en la noche, agotado, con las piernas adoloridas y temblando, arrastro los pies por toda la casa y voy directo a hundirme en la ducha. Sigo pensando en Violeta, en esta pandemia del mal, en los políticos de mi país que no ayudan para nada. Prender la televisión es un bombardeo a tu salud mental, así como las redes sociales. El celular se enciende, salgo apresurado, intento secarme las manos lo más rápido posible, es Violeta: "¿Mañana quieres ir a manejar bicicleta? Ahí hablamos, más tranquilos."


En cinco meses, Floyd es una bola de pelos rodante y sonora,
duerme horas, se levanta, se apropia de los parques y vuelve a dormir.

Me ha enseñado tanto. Parece que está decidido a nunca
ser un perro adulto, en ir de un lado para otro, desenfrenadamente,
bien dicen que los perros se parecen a sus dueños.


Volver a las "aulas" por estos tiempos significa avateres
de diferentes colores y elementos.

Definitivamente muchas cosas
no volverán a ser como antes.


Volver a leer, así sea en digital, fue terapéutico.

El primer día del año caminé más de una hora
en una carretera, Violeta dejó de instir con las llamadas.

Ya estaba en Lima. Poco iba a durar
la salvación de mi dignidad.

Extraño leerte. A veces.
Escribo cada vez menos,
pienso de más, cada vez más.


09:07 a.m.

Es cierta esa frase de que a veces el enemigo está solo en tu cabeza. Conduzco hacia el sur de Lima y pienso en esa frase, se repite en mi cabeza mientras piso el acelerador con un apuro innecesario. A veces, cuando sufres de ansiedad buscas salidas con drogas legales e ilegales, terapias, etc., y ella odia que tome algunos caminos que se me cruzan, sin embargo, aquí estoy, sin ninguna otra necesidad más que la de estar en movimiento. Constante.

6:15 p.m.

A pesar de tantos años, aún me cuesta dormir...