Hoy me sentí un superhéroe, o tal vez un antihéroe, da igual, lo importante es el resultado. Puede que sea un maldito gracioso juego de palabras, como el siguiente. El hombre murciélago se siente triste y escribió algo:
se me fueron las ganas de salvar la ciudad y de salir a patrullar por las noches, poco a poco estoy olvidando la manera de colocarme la capa y el cinturón. perseguir ladrones y marcas, trepar las paredes y romperlas o disparar a malhechores no es lo mismo sin ti. no quiero más manejar la batimóvil, su asiento trasero me recuerda demasiado tu imagen gatubelesca. veo la señal desde la central policial todas las noches y prefiero ir al grifo por una botella de ron.
mis fines de semana las paso con el guasón y dos caras en quilca. empiezo a recordarte con canciones y la sigo con bane hasta que pase el metropolitano. todos me echan una mano contigo. creo que el hampa nunca se había sentido tan cómodo teniendo al superhéroe de la ciudad visitando todos los bares. no hay rastros de ti. ni en las fiestas de halloween te he encontrado. el jefe de la policía ha reventado mi teléfono, sin embargo no quiero oír a nadie. alfred está a punto de renunciar. ya no soporta tener que recogerme de madrugada en alguna tocada por comas o carabayllo. 
camino por nuestro callejón, me siento en la vereda junto a los mendigos esperando que aparezcas, que digas miau, que tus uñas hagan ese sonido raro en las paredes. pero no hay rastros de ti. ¿dónde carajos te has metido? ni acertijo tiene tantas preguntas como yo las tengo hacia ti. ¿por qué has asaltado la baticueva? te has llevado todo, las fotos de nuestro viaje, los comics de linterna verde y hasta mi colección de literatura francesa. yo sigo escribiendo de ti y tú de tu pasado con aquaman. qué tontería. 
han pasado muchos meses desde la última vez que te vi, desde que me dijiste que estaba loco y me comparaste con doomsday. que me tiraste las botas y el antifaz por la ventana. que devolviste los afiches de las películas y el merchandising de la serie. me has borrado de tu mapa y así haya cruzado la ciudad de norte a sur aún no puedo hallarte. ¿en dónde estás gata del demonio? no actualizas tus redes sociales, o quizá también me has borrado de las mismas.
ya no quiero ser un superhéroe porque no tengo tu ayuda gatuna, porque has roto nuestra alianza, porque te has ido con superman y me has dejado solo en una baticueva saqueada. pero a pesar de este mal rollo, sé que todo va a mejorar, que te arrepentirás de haberte ido con iron man, que volveré a mis noches con esta ciudad y que cuando quieras volver, hiedra venenosa estará ocupando tu lugar.
Tengo la fuerte impresión que en las madrugadas me levanto y empiezo a escribir. Cuando despierto y leo lo escrito se me hace complicado entender lo que está en mi libreta. Y termino diciendo: "No sé que me pasa."
estoy escribiendo esto sintiéndome un gran estúpido, un farsante, un maldito vicioso. esto debería ser sencillo de entender. todo lo que aprendí estos años en los cursos de literatura han resultado ser una estafa. desde los inicios en la poesía y mi contacto con el relato y la crónica. absolutamente todo. lo peor es que me he dejado estafar de la manera más cobarde. 
hace tiempo que ya no siento emoción al escribir o leer un relato o poema. ya no quiero publicar nada, ya no siento nada, ya nada me inspira. yo soy el culpable. yo me dejé atrapar por el cariño de los lectores, los quise tanto que escribía sin pasión, solamente para tenerlos cerca y saber que estaban ahí. odio quererlos tanto. detesto sentir cariño por ellos. mi antisocialidad ha ido creciendo y ya no soporto ningún lugar con gente. me siento trastornado. ¿qué rayos me ha pasado? 
no voy a mentirles, no puedo decirles que soy feliz escribiendo porque no es así. no es justo para ustedes ni para mi. a veces tengo que inyectarme para salir a las conferencias y conversar con ustedes pero no es suficiente. he decidido muchas veces no hacerlo y subir sobrio pero no puedo. lo he intentando mucha veces. ¿por qué dios mío? ¿por qué no puedo hacerlo? lo que hago es un crimen. fingir que me siento bien cuando no es así. 
sé que mis escritos han gustado a mucha gente, sin embargo, mi visión cerrada no puede apreciar eso. soy demasiado déspota con mi propio trabajo y siempre digo que no es la gran cosa. necesito estar muy drogado para creer todos los halagos y para volverme a entusiasmar con una crítica. extraño ese entusiasmo de mi niñez, en donde un poema a mi madre era demasiado sencillo. todo fluía. ahora estoy atascado en mis psicosis y fobias. 
en estos últimos meses me he dado el tiempo de conocer a algunas personas, he salido con algunos que odiaban mis textos, sin embargo, me sigo sintiendo frustrado. no puedo evitar sentir pena, por mi, por la gente. no puedo creer que haya llegado a estimar tanto a las personas que me leen y me dicen: eres un gran escritor. y yo me miro al espejo al llegar a mi casa y digo: pero no soy un escritor, no me considero un escritor, solamente soy un tipo enfermo. no soy tan especial como ustedes piensan. me pongo a llorar con vasos de vodka y me siento triste. soy un puto sentimentalista sensible, eso me ha jodido la vida. ¿por qué no puedo dejar de sentirme así dios mío? 
tengo una madre que me ama y dos hermanas que me hacen recordar lo feliz que fui de pequeño. mujeres llenas de amor y alegría, que confían aún en mi, que entendieron cuando me fui a vivir solo, porque según ellas era parte de mi crecimiento, pero no era así, no quería que tuvieran que lidiar con un tipo vicioso y complejo. no quisiera que ellas terminaran como yo. la idea de que ellas se parezcan a mi en lo más mínimo me aterra. me hace temblar. ella están salvadas, y es mejor que sigan así, que no tengan que soportar más mis instintos autodestructivos. he llegado a tenerlo todo, durante estos años he logrado cosas que jamás pensé que lograría, sin embargo, no puedo entender las razones de todo lo que tengo. no puedo entender el cariño entre las personas. cuando los veo abrazarse luego de una conferencia quiero matarlos. 
gracias por los saludos y las cartas que enviaban cada semana. gracias por preocuparse y por tener el valor de leerme estos años. estoy demente. no soy el de antes. ¿dios mio por que no puedo ser el de antes? ¿por que no puedo escribir como antes? ya no siento esa pasión al abrir mi libreta. voy a echar de menos mi libreta y mi ordenador. la verdad es que tengo mucho miedo de seguir viviendo así. prefiero estar apagado que estar a medio prender. 
espero puedan entenderme. 
dante. 
mar, ana, cristal, estaré eternamente con ustedes. sigan adelante, las amaré siempre. besos.
Sábado. Recibo un correo. Es Teresa. Adjunta un archivo en su mensaje. Es corto pero conmovedor. Finaliza diciendo: “Espero que te guste Dante. Gracias por animarme a escribir. Besos.” Su texto me hizo llorar como un pavote y no he podido escribir algo más amplio que este párrafo durante toda la noche. Teresa ya no quiere verme, pero esa ya es otra historia, quizá la escriba más adelante. Por ahora solo puedo compartir autorizadamente sus líneas.
Teresa no te destruyas, solo transfórmate. 
Me pregunto porqué en Vivanda venden todo más caro, no me gusta. Me hace sentir pobre, sin status y me restriega mi condición proletaria. Sin embargo, debo admitir que le he agarrado cierto cariño al Vivanda que está a tres cuadras de mi trabajo. Siempre paso por ahí cuando cambio los dólares de mi pago mensual y me siento una señorita comprando Cosmopolitan o Vogue. Pero hay algo más que me gusta de ese lugar. Me gusta porque en ese lugar algunas personas esperaron por mí, me gusta las salidas que se armaron de un momento a otro, los regalos que se compraron ahí y los entrañables panes pizza de mi escritor.
Ya es mitad de marzo y no quiero que mi verano se acabe, así tenga que soportar de nuevo el sol de enero y febrero. Este verano no me he sentido sola, no me he centrado solo en dar a los demás sino que he recibido también, he aprendido mucho, he reído mucho, he viajado, he tenido mis buenos llantos y he llegado a mi casa más tarde de lo normal.
Esto de volver a la universidad no me emociona porque ya no veré al escritor mucho. Ha sido increíble como en 5 meses he aprendido tanto de él y él de mí. Siento que marzo significa su lenta desaparición, que ya no habrán más martes de brindis en el parque, no más viernes de bar, no más viajes agotadores en el Metropolitano de regreso a casa. 
Marzo ha sido un mes transformador. Es curioso como mi amor por él se ha transformado. Le costó, pero lo hizo. Máncora sabe bien cuanto lo quiero y cuantas piedritas tiré al mar por él, cuantas veces vi el celular para encontrar algún mensaje suyo y también cuantas veces lloré por él. Sin embargo, no quiero sentirme mal estando a su lado, quiero disfrutarlo, quiero quererlo incondicionalmente, quiero verlo crecer, quiero verlo sanarse, quiero verlo ser feliz.
Así de feliz como cuando gana Alianza Lima un partido de fútbol. Mis sentimientos están entrenándose y por ahora yo solo quiero lo mejor para él. Siempre va a ser mi sueño, lo inalcanzable y a la vez más cercano, creo que es mejor así. Creo que volver a verlo no fue una casualidad. Tal vez el tiempo y las circunstancias no fueron las más alentadoras pero así ocurrió y disfruté cada minuto a su lado.
Él no entiende mis llantos que vienen de repente, no entiende lo retorcido de mi mente al pensar que nadie nunca quiere algo serio conmigo, que nadie me tendrá como prioridad, ni como primera opción. Ese tema aún tiene sal y limón encima así que es mejor no tocarlo porque arde un poquito. 
Pero no quiero que me entienda, quiero que se quede, que me defienda, que siga cenando con mi familia, que me pida le corrija su mal inglés, que me pida que haga la cola en el Metropolitano. Quiero que mire sus notas y me diga: "You are the most beautiful girl tonight". 
Sé que algún día ya no lo veré tan frecuentemente a él, ni él a mí pero eso no quitará su recuerdo de mi mente y de mi corazón. Piña, ese es el precio que debe pagar. ¿Quién le manda a meterse con una pseudoquinceañera?
  

Lunes. 10:13 p.m. El bus abarrotado de personas. Viene a mi un recuerdo, y otro. El tiempo corre cuando abro la libreta y me pongo a hacer garabatos. Cuando intento escribir algo.
recuerdo ese verano sentado en tu sillón rojo, riendo, mirándote comer canchita, sonrojándome cuando me pellizcabas la cara, limpiando la sal en tus mejillas. recuerdo la medianoche, tus pies empinándose, tú buscando el control, tú y tus series raras, yo intentando quitarte la soberanía. tú y yo apagando el televisor, tú y yo juntando nuestras narices, raras también. yo despidiéndome, haciéndote adiós tímidamente. tu sonrisa escondiéndose tras la puerta, tras el ascensor. yo llegando a mi casa, callado, pensando en mudarme al departamento vacío frente al tuyo.
recuerdo el ruido que hacía la puerta de tu casa cuando la abrías, la sonrisa más bella recibiéndome, yo afuera, comiendo alfajores, callado, sonriendo también. tu mano tomando la mía, llevándome a tu habitación. tus vinchas, tu ropa en el suelo, tus zapatos, tus vestidos. tus papeles, tu desorden. tus frases, tus consejos, tus palabras, tus gestos. esos hoyitos en tus mejillas, la forma en que ponías el cabello detrás de tus orejas, tu cerquillo, tus pecas, tu espalda, tus bordes, tu aroma. tu voz, siempre tu voz. 
los martes, los viernes, los sábados, los domingos. ¿quieres pollo a la brasa? daniel y tú dejándome solo en la mesa. las películas, las maratones, la laptop caliente. media hora, una hora, dos horas, el sonido de otra llamada. ¿ya vas a casa? otra vez el adiós, otra vez tu sonrisa, el beso en la frente. tu ternura.
la conversación en el parque, en la cafetería, al pie del misti, mientras manejábamos bici. el río, el cielo, las tres ventanas. tu mirada fija, mi mirada perdida. mis lentes en el piso. tu mano guiando la mía. tu cuerpo, tu rostro, yo amando, besando, la repetición, la mañana, el sol en tus labios, la felicidad. nuestra felicidad. 
octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo, abril. las salidas, el viento, las noches, las fotografías, los fines de semana, la risa, los perros y los nombres que les ponías, las avenidas, los almuerzos, la cama, la alfombra, mis poemas, mi escritos, tu cariño, tus mimos. 
mayo, junio, julio, agosto, setiembre. mis miedos, mi psicosis, mi desconfianza, mis nervios. las mentiras, tus dudas, el colapso. recuerdo el invierno más largo de mi vida. yo yéndome de tu casa, tú en el centro de la sala. tu silueta alejándose, tu voz transformándose. gritándome “loco”. yo parado en la mitad de la calle. las lágrimas, la punzada en el pecho, la asfixia, la sal, la bronca, el puño apretado. la sensación gélida de pérdida.
octubre, diciembre. la nada, las terapias, las píldoras, las borracheras y las resacas. los sábados de auto ayuda. otra vez las terapias. el cuerpo que pesa. el alma que se arrastra. tu silencio, tu silencio, tu silencio. el tiempo. el tiempo, el tiempo. el filo de la cama, las chatas de ron. el suspiro largo. la tos, la fiebre, el malestar, la ira. el auto análisis, las preguntas, las respuestas, las caminatas, la búsqueda, los boleros, el verano, el rencor. la carta que no llegó. no llegó.
aún recuerdo la sonrisa más bella y a la chica más bonita de huancayo un verano. me recuerdo impaciente apurando al chófer del bus que me llevaría hacia ella. me recuerdo saludando al conserje de su edificio como si fuera un viejo amigo, subiendo por el ascensor con una sonrisa, con el corazón girando, silbando como un jilguero. 8, 9, 10, 11. 1101.
y a pesar de los meses y las personas con sus frases positivistas, no sé por qué hasta hoy no he podido dejar de escribir de todo eso. no entiendo por qué si todo es transitorio y se olvida, y en estos meses se me han olvidado tantas cosas. aún no se me olvida que una vez estuve en una casa bonita, que olía a bonsái y a rosas, que estuve enamorado y fui muy feliz.

A Daniel, por ese abrazo a las 12:00 a.m.



Dante, regresando a casa. Finaliza enero y le prometió escribir algo a su psiquiatra:
me gusta la banda que suena en el móvil de la señorita parada a mi costado. tiene el volumen a todo dar y se oye a los boyce avenue a unos centímetros de distancia. yo estoy tratando de escribir algo. le he prometido a mi psiquiatra escribir algo para la siguiente sesión. "escribe lo que más te ha gustado y lo menos que te ha gustado del 2014". le dije que fácilmente podría hacer un libro con esa información. 
hace demasiado calor y escribir de pie es complicado. se me vinieron a la cabeza las palabras de consuelo en diciembre. "no estás loco, no eres un peligro, estás confundido y tus miedos te están ganando. necesitas control de tus actos". elise a veces dice cosas parecidas. yo sigo oyendo a los boyce avenue y muevo mi pie. 
maia me dice que no me haga rollos. que escriba lo que se me viene a la cabeza. que deje de pensar en cosas elegantes y pomposas. que siempre le gustó mi estilo libre y que deje las píldoras. le digo que no puedo dejarlas, que me mantienen al margen de las crisis nerviosas y los ataques de pánico. que las voy a dejar pronto, que todo es un asunto de actitud.
diego cuando ve las píldoras me mira con ternura. le digo para qué las tomo. me dice que tenga cuidado, que no me vuelva dependiente. siempre está cuidándome, siempre me pregunta cómo me ha ido en el día y casi semanalmente me comparte canciones que me amenizan las mañanas en el metro. 
"compadrito ¿dónde vas a pasar año nuevo?". me propone irnos lejos, yo pienso que es una buena idea. diego y yo nos vamos al sur el último día del 2014. nos sentimos príncipes en la playa. estamos dispuestos a todo. hasta a pasar bailando encima de nuestra fogata. el 2015 llega y nos abrazamos, lloramos, bailamos y brindamos. recordamos momentos sublimes y catastróficos, volvemos a brindar, volvemos a llorar, volvernos a abrazarnos. 
"sabes dante, cuanto te conocí no me caías, no sé en que momento te empecé a querer, sólo sé que ahora eres mi amigo y no quiero que te vayas nunca". en la mañana del primero no teníamos nuestros celulares y no había dinero en nuestras billeteras. nos molestamos un poco por nuestra falta de prudencia. "lo que importa es que tenemos todos nuestros órganos". pasaron unos 10 minutos y estábamos zambullidos en la mar. jugando a hacer castillos con las botellas vacías en la arena. antes que anochezca, envolvemos la carpa y regresamos a casa. "diego, creo que tienes puesto mi calzoncillo, me lo devuelves lavado por favor". hasta ahora no he vuelto a ver esa prenda, pero a él si, y sigo pensando lo mismo que siempre pienso cuando lo veo: amigo, tu sonrisa es lo mejor del día. 
llega la primera sesión del año. elise se suma a las reprendidas por mi año nuevo alocado. le cuento lo sucedido y se ríe. creo que lo olvidará pronto. "¿y llegaste a escribir algo?". le muestro un papel pequeño. hay dos nombres. "dante esto es un boleto del bus". le digo que no había llevado papeles, no tenía pensado escribir ni en el bus ni en la playa. "el primer nombre es el tuyo, está bien, el segundo.. ¿ale..? ¿qué dice?". 
"caramba elise, no sabes lo difícil que es escribir cuando el bus se mueve, cuando el cielo se mueve, cuando el mundo entero se mueve".