¿Y si te pudiera dejar mis ojos
para que te veas como yo lo hago?
¿Y si me prestaras los tuyos?

Tal vez seríamos capaces
de ver la forma física del amor
al fin.

A.

Kiara bebe a diario. Bebe hasta quedarse dormida en mis brazos. Saca vasos de plástico y convierte su cuarto en un bar para dos personas. No quiere oír a sus amigos y ya le aburrió leer. Ahora se ha dedicado a ver películas y series todo el día. Se ha mudado lejos de la casa de su padre. No lo quiere ver. No quiere terminar la carrera para él y menos seguir recibiendo su dinero. Por eso ha optado por la independencia. Por llegar a la hora que se le plazca a su cuarto, por no notificar a nadie en donde anda, por cuestionarse menos y hacerse más pajas en las noches. "Las mujeres piensan que decir "hacerme una paja" es solo para hombres", me dice mientras termina la segunda botella. Quiere ahorrar para pagarse la carrera ella sola y terminarla con sus ingresos. 

"No quiero que me entiendas solo que te quedes, bebe conmigo, rajemos de los que cruzan las piernas y hablan de Godard para sonar intelectuales." Me quedo con ella viernes y sábado, el domingo almorzamos pizza con Pepsi. Vemos 'Strangers on a Train' de Hitchcock. Vuelve a quedarse dormida en mis brazos mientras Ruth Roman y Farley Granger se miran con recelo. Es la borracha más rebelde del condominio y también mi novia.

Escrito: 04/17
¿Sigues reciclando textos y mensajes mal redactados?
Al parecer, últimamente te falta inspiración y te vales de cualquier correo lleno de hígado. Una pena. ¿Y son todos de personas reales o llegas al punto de inventarlos? ¿Será real este?
¿Sigues llena del mismo ron, las mismas cenizas, los mismos dedos mordisqueados?
¿Siguen tus horas perdidas entre volutas de humo y música para llenar rincones vacíos?
¿Siguen tus juicios contra las zapatillas, mochilas y poleras o esa vocecilla rumea amargamente cuando te vistes?
¿Ya se resignó a verte al espejo de una forma que antes criticabas?
¿Qué otra moda te pudo más?
Novata.
Tal vez deberías cambiarle los nombre a tus blogs, ambos ya están tan trillados y ninguno te queda.
Ella sonríe en la foto
y la sonrisa acapara todo el retrato,
acompaña a otra sonrisa,
una sonrisa masculina
perfectamente acompañada
de una quijada de actor de novela.

Tú nunca quisiste ese selfie, por eso ahora te tiembla la mano para tocar dos veces la pantalla, sin embargo, lo haces. Hay que tener los dos dedos de frente para aceptarlo. Para detenerse a pensar un minuto y hacerse un autoanálisis. Tú nunca provocaste una sonrisa así, cargada de naturalidad y felicidad en estado puro. Lo tuyo fue a medias. Solo queda mirar tu sombra haciéndote mofas desde el piso.

Y escribes lento: "Me alegro por ti". Tardas un poco en darle a 'Enviar'. La segunda frase es más jodida para ti: "Realmente lo mereces." Ella se merecía algo mejor antes de conocerte a ti. Luego sigue un popurri de preguntas sobre el susodicho. Y sientes como si hubieras ingerido una pastilla de chiquitolina.

Lees una lista de planes que ella ha armado perfectamente. Incluye un viaje a Europa y una casa en Kentucky. También hay un carro y un perro grande saltando por todas partes. No podría estar mejor. Cuelgas todo orgullo y con los ojos nublados terminas sonriendo. Porque el amor no es egoísta. Y lo que aún queda en ti lo reflejas en esa sonrisa sincera. Realmente estás contento por esa mujer que te dio lecciones de vida, y que ahora es feliz. Completamente feliz.
Y al final lo único que recuerdas de ella,
es esa sonrisa al lado de tu almohada por las mañanas, 
acompañando el ruido del televisor
con un frío que se escabulle entre tus pies.

Cuando se va, la ves por toda la casa,
como si pasara recogiendo el tiempo
que ahora piensa que perdió,
como si evadiera toda responsabilidad de tu presente.

Y tú te quedas parado en medio de la sala,
con tus vinilos y los libros que compraron juntos,
te quedas con su valentía estrellada contra las paredes,
y ahora todo empieza a desvanecerse frente a ti.

Extrañas las discusiones por la cena de los viernes,
los días de cine e hibernación en el sillón,
las vuelta al mundo en bicicleta,
las borracheras con discos setenteros.

Todo eso se vuelve un cúmulo de cosas en tu cerebro,
una montaña de mucosidad junto a ron y Pepsi,
un laberinto autodestructivo que nadie entiende,
se abre una etapa en donde solo existes tú y nadie más.

Eres consciente que no va a volver,
que no importa cuantas cartas le escribas,
ahora eres un simple viajero hacia el spam,
y sin retorno, pero lo peor, sin oportunidades.

Observando esa realidad lo mejor sería rendirte,
pero prevalece tu orgullo, o algo más tonto,
tu terquedad masculina y vuelves a acercarte,
y confirmas lo que intuías iba a resultar peor.

Vuelves a visitar esos lugares,
esas esquinas o esos parques,
cometes los mismos pecados,
y el círculo vicioso parece nunca acabar.
Hannah, escribe siempre.
Fue mala idea leerte mientras como, porque no es rica una ensalada de frutas con lágrimas y algo de moquito. Y parece ser que siempre es mala idea el buscarte. Termino peor que antes. Cuando pienso que es el último capítulo de nosotros, aparece una nueva temporada y me vuelvo una adicta a esto. Sé que está mal, sé que estoy mal. Tengo cosas por mejorar también. 
No dije que te perdonaba y mucho menos que olvidé todo lo que pasó. Solo un impulso y el descontrol de mis emociones hizo que te escribiera. Te sigo queriendo y sé que tú no lo haces de la misma manera que yo quiero y hago. Te lo dije desde ese martes que yo esperanzada busqué tus labios. Y esa estúpida esperanza es la que debe de morir. Ojalá podamos ser realmente amigos. No ahora, no este año, quién sabe cuándo. Sabes que a pesar de todo, siempre prefiero estar cara a cara, quería decírtelo en el almuerzo, pero no es necesario, lo escribiste todo tú. El día que aprendas a estar solo y que la verdad te haga libre, ese día, te sentirás mejor de lo que puedas estar.
Cuídate mucho, espero que sigas con los cambios positivos. Adiós.