Diana Valenzuela (36 años)
A veces siento que la parte de mí que escribía y era feliz ya no volverá nunca más. La he intentado traer de vuelta, de las mejores y peores maneras, pero creo que más de las peores. Los lunes a veces intento hacerlo por las buenas, me funciona hasta los miércoles, en donde me alejo de todo y me pongo a llenar cuadros de Excel, porque he elegido un camino más cómodo y ese confort retumba en mi cabeza.
"¿Por qué no te pones a escribir si eso te hacer feliz?"
Para reencontrarme conmigo misma volví a la leer, vi películas, me toqué de madrugada, busqué novelas que tenía pendiente y mi mente volvió a encenderse, de a pocos. Armé párrafos con algunos recuerdos más recientes, dolorosos, pero que eran combustible para mi objetivo. Funciona, a veces, en otras ocasiones solo me siento frente a la laptop, prendo un porro y dejo que mi vida se desparrame en la pantalla.
No quiero sonar cursi, no quiero sonar muy romántica, muy triste, muy formal, muy melancólica, muy técnica, muy, muy, y me quedo dormida, extrañando la sensación de sobriedad, que hace mucho tiempo no tengo. ¿Será el alcohol? ¿La hierba? ¿Será mi adicción a cogerme hombres que luego olvido sus nombres? No sé qué mierda será, pero sé que sigo de pie, que a pesar de todo, no me he roto.
Aún, por completo.
Mi psicóloga dice que tengo un raro talento para salir viva de situaciones de extremo peligro. Yo creo que lo he aprendido a lo largo de todos estos años, porque cada año es una temporada de Breaking Bad nueva. Quítale la metanfetamina y las balas, quédate con el drama y la "acción", algo así es un año conmigo. Manual de supervivencia, guión de Almodóvar con soundtrack de Pedro Infante.
"Y de noche
por no sentirte solo
recordarás nuestros días felices
recordarás el sabor de mis besos
y entenderás en un solo momento
qué significa un año de amor"
Desde que me mudé sola, la distancia con mi madre y mi padrastro, ha pasado a ser una decisión saludable. No tengo cuestionarios extensos que responder o miradas prejuiciosas que soportar, solo los maullidos de Rosita, a ella le aguanto cualquier reclamo. Si la gata pudiera hablar, probablemente ya estaría funada hace mucho tiempo por los consejos psicóticos que doy a mis amigas. Nos entendemos, en nuestros códigos, hemos aprendido a sobrellevar el aburrirnos fácil de todo, clave para la convivencia gatuna.
Me prometo cada vez más seguido mantener mi sobriedad por más días que solo los lunes o los martes, porque según la "norma social": ¿quién bebe un lunes o un martes? Como que desde los miércoles ya puedes usar la excusa de mitad de semana. Bebo para escribir y escribo para beber. Mis amigas me dicen que es una manera de evadir el dolor que siento y eso es lo que me pregunto cada noche antes de dormir: ¿qué herida aún me sigue haciendo perder, litros y litros, de vida?


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