Óvalo Bolognesi. 11:03 p.m.
un día empecé a escribirte con el hígado. para destruirte y para destruirme un poco. para levantarme por las mañanas, maldecirte algunas horas y posteriormente seguir con el día. un jueves empecé a hacerte preguntas sabiendo que las respuestas tardarían algunos años. un lunes bebí con boleros imaginando que era un viernes. fue una resaca larga. 
un martes escribí frente a tu edificio, esperando el taxi a casa. un jueves manejé desde barranco hasta bellavista, y sobreviví, incluso con bajas en el camino. un sábado y un domingo tomé café en mismo lugar donde te vi por última vez. fue sublime y a la vez triste. un miércoles viajé con mi pipa por los mundos del pirata roberts y fui el rey del mundo.
escribo para no congelarme y este invierno que aprieta los huesos. aún hay oxígeno para continuar. quiero irme a casa a tomar un baño con agua caliente. seguir destruyéndote. haciéndote polvo. desapareciéndote de todos los rincones y esperar al día siguiente.
A Ricardo

nunca me gustaron los cementerios. mucho silencio. muchos recuerdos. aprendí a persignarme aquí. mirando a otros. me sentía mal cuando no lo hacía. me sentaba horas y ponía un vaso encima de tu tumba e imaginaba que bebíamos como los viernes frente al estadio.

cuando te fuiste venía todos los domingos. luego de escaparme de la iglesia de mis padres. decía que iba a pelotear o que iba a hacer algún trabajo del colegio. tomaba la panamericana y llegaba al 'campo fe'. empecé a escribir muchas cartas imaginando que me las corregirías al día siguiente. todas están guardadas. algún día espero publicarlas.

hoy, luego de años, he venido a visitarte. siempre que me he sentado frente a ti ha sido inevitable no llorar. no recordar momentos a tu lado. peloteando frente a matute. bebiendo en quilca. molestando a doña rosa en temporada de carnavales. yendo a comer turrones hasta hostigarnos o a comprar vinilos. caminando rumbo al estadio. saltando en sur. alentando en sur. llorando en sur.

dicen que tengo futuro como escritor. ¿tú crees? extraño cuando me decías. “algún día vas a publicar una novela o algo parecido y te van a conocer, solo tienes que creértelo carajo”. tengo días en los cuales no puedo dormir. ya no me drogo. tampoco bebo como antes. hay noches que tengo miedo pero no sé a qué. me levanto intranquilo. salgo a correr y luego intento otra vez dormir. siento que hay algo que aún no dejo ir. quizá seas tú.

¿sabes algo de pamela? ¿está contigo? no la he visto desde hace años, para ser más exactos, desde el día que te despedimos. extraño su sonrisa, su arroz con pollo, sus vestidos, su olor a canela. aún recuerdo lo último que me dijo: “sé un buen chico y cuídate mucho”. me abrazó fuerte, como si nunca más me volvería a ver, y se fue. tal vez también iba a darle un giro a su vida.

a veces siento que todo a mi alrededor me asfixia o me aburre. a veces también quiero irme lejos. acercarme posiblemente un poco a ti. para sentirme menos solo y menos triste. no sabes cuantas falta me haces, papu. guárdame un lugar. algún día iré por allá. espero que me recibas como siempre me recibías en tu casa, como un hijo, como uno más de tu familia.

te extraña y te quiere mucho.
dan.

“A veces lo único que necesitas para iniciar un cambio, es un corazón hecho pedazos”
Maia

El poema: 

La vida te sorprende de mil maneras diferentes,
algunas desagradables,
poco tolerables,
casi intragables,
y otras, muy raras veces,
llegan con el sonido del timbre
y una cara nueva con un regalo extraño,
y te encuentras llena de pelos y lamidas y lloriqueos.
Un perro, ni cachorro ni viejo,
algo así como adecuado,
algo así como justo a tiempo,
algo así como te obligó a quererlo y lo odiaste mucho por eso.
Un poquito al menos.

Fueron meses
de re-aprender a convivir alguien,
de hacer un espacio en tu cama,
de tolerar que se acostara a tu lado
y terminara en tus pies,
de acostumbrarte a que le ladre a todo aquel
que osara siquiera acercarse a ti,
de que a Padre le gustara y no le gustara-
un juicio tan propio de él-
de jugar, de conversar, de compartir…
de no creer que eran necesarias sogas o correas,
pues no se apartaba de tu lado.
Hasta
aquel
día
en
que
se perdió.

Levantarte
y no encontrarlo
No saber si él
No saber si tú…
Y buscarlo y buscarlo y buscarlo.
En vano.

Prometiste no llorar,
era solo un perro.
Puedes tener otro, muchos,
todo los que quieras.
¿Por qué tu cama está inundada?
¿Quién instaló un lago en tu habitación?
¿Pretendes apagar un incendio?

Luego de que la temporada de lluvias acabara en tu rostro,
un aroma familiar
una sombra en tu puerta
¿Cómocuándoporquédóndestuvistemalditasea?
No importa,
no importa,
no importa ya,
estás aquí, estoy aquí.

Algo era diferente,
culpemos a la paranoia,
es más fácil cree que estás loca.
Todo está bien, todo perfecto.
Te sientas en la grada de la puerta mientras le ves pasear.
Y
entonces
comprendes.
No se perdió, se fue,
como ahora se ha ido, de nuevo.

Pero no duele esta vez, así que está bien.
Sabes que siempre le guardarás su plato,
para cuando regrese por comida
o agua
o cariño
o compañía momentánea
o -te queda la esperanza- a quedarse.

Un día, caminando sin rumbo, le ves a lo lejos
la curiosidad puede más, siempre pudo,
te acercas, necesitas saber que es él.
Y esta vez sí duele,
porque no estabas preparada
para verlo feliz,
para verlo jugar con alguien más,
para dejarlo romperte el corazón.

Te mueve la cola y sonríes,
te vas con la idea de que al menos no te ha olvidado.
Y ahora piensas en lo ridículo que es que él te recuerde a ese perro,
ese perro que nunca fue tuyo realmente.

Alicia Durand

 La carta:
Sé que no quieres leerme, por ahora, creo, y que probablemente este texto lo leas en algún tiempo pero igual quiero enviártelo porque deseo cumplir lo acordado, conmigo y con Sandra. 
Llegó el día, irónicamente, que terminaron las terapias. Irónicamente porque pensé que nunca iban a terminar luego de tantas idas de caras. Pero terminaron. Sandra dijo: "Ve, Dan, ya te diste cuenta de lo que debes hacer". Acentué. Nos abrazamos como si no nos volveríamos a ver. Me regaló un libro y me fui a la cafetería de Luis a escribir. 
No empezaré a contarte las cosas que han pasado estos meses, porque quizá las intuyes o las sabes, o no, o llanamente no son de tu interés. Este texto no es una despedida, no son líneas de reproches, ni una invitación a vernos, este texto es para dar las gracias por lo que me diste así quizá digas que no me diste nada.
Porque (lastimosamente) luego de todo lo sucedido, me he podido dar cuenta de lo que debo hacer para convertirme en el hombre que siempre quise ser y dejar de ser el hombre que construyó mi pasado. Gracias por todo lo que hiciste por este tonto profesional con un corazón resarcido y que, a pesar de todas mis limitaciones, todavía tiene esperanzas.
Posiblemente siga moqueando cada vez que oiga Real Friends o Radiohead, o cuando vea algunas fotos tuyas. Tal vez digas: "Pero elimínalas". Por ahora prefiero conservarlas, así me digas emo, yo tengo mis razones. Te extraño mucho, Kiara. Disculpa mi cursilería de jirón. No sabes cuantas ganas tengo de darte un abrazo o simplemente de verte, al menos de cruzarme contigo por alguna avenida o en el bus; de oír tu voz o de verte tomando tu té verde por las mañanas. Pero bueno, sé que también tienes tus justificadas razones.
“Y decirte que todo está igual,  la ciudad, los amigos y el mar. esperando por ti,
esperando por ti."
Besos. Dan.
La canción:


Por si lees esto, Alicia, un beso a la distancia.

hace tiempo que quería escribir esto, pero las últimas semanas han transcurrido llenas de reuniones y talleres y cursos, que me han dejado sin tiempo para sentarme y escribir de lleno. en realidad, esto lo redacté dos semanas luego de que kiara se fuera del departamento. lo escribí en borrador y he decidido terminarlo hoy, 8 de marzo, el mismo día que me propuso ser su novio hace un año.

las veces que me han preguntado: ¿cómo es kiara? siempre me he sentido en una encrucijada, porque hace más de un año que conozco a esa mujer y solo puedo responder: "es asombrosa". y no pasa porque la haya llegado a conocer poco u otro asunto equis, sino porque kiara es tan multi-todo, sin embargo, kiara no es ninguna de las palabras con las cuales la he descrito todo este tiempo. ¿entonces, por qué deberías de casarte con ella?, empezaremos con algo sencillo. voy a crear un perfil general de kiara, tras la experiencia de haber compartido más de 412 días con ella.

kiara, para mi, siempre fue y será una chica de los 70s'. te enamorarás de ella fácilmente, a mi me tomó un día. viste bien. viste como se le plazca, como se sienta cómoda y no le importa lo que digan los demás. un día la puedes ver con un vestido floreado a lo minnie riperton y al otro con una casaca a lo joey ramone. la noche que la conocí no pude dejar de pensar en ella, ni dejar de escribir sobre ella, es posible que también tengas esos efectos.

kiara siempre fue ordenada en nuestro hogar. camisas, ahí, pantalones aquí, polos allá. lo mejor del día era empezar con kiara asomándose por la habitación con un té caliente. siempre te sorprenderá, no tengas duda de eso. es habilidosa. sencilla. amorosa. es de las mujeres a la cual le darías cualquier receta y la haría.

le encanta leer. le gusta su profesión. oye de todo un poco, pero le gusta más el indie, y baila como no tienes idea. la primera vez que la vi bailar solamente quería sentarme y verla girar en la pista. es increíble lo sensual que puede ser solamente soltándose el cabello. le gustan los postres, así que si un día te apareces trayendo alguno, serás recompensado.

es el tipo de mujer que puede hacerte girar en un minuto y frenar al llegar el segundo minuto. no es la mujer que duerme abrazada a ti pero si la que se levanta y te apachurra como un osito de peluche. vas a ahorrar en el peluquero, pues kiara también tiene conocimientos de peluquería. hay días que extraño sus perfectos dedos tras mis orejas mientras me afeitaba la cabeza.

kiara te hará reír más que tu serie de comedia de la semana. te hará transpirar más que una hora de cardio. te inyectará dosis perfectas de buen vivir y te calmará más que una sesión de yoga. al finalizar el día, solamente vas a desear quedarte en su regazo, admirándola. sin duda alguna, sería una increíble madre.

y para terminar, es guapa. kiara tiene un cuerpo cautivador. unas manos delicadas pero que transmiten fuerza y paz. unos ojos de gato encantadores y unos labios trazados perfectamente. en su pecho siempre habita un cariño chispeante. kiara cuadra muy bien en la frase: "nunca conoceré a alguien como tú". te darás cuenta al instante que todos estos atributos que detallo son totalmente ciertos.

hace un año, exactamente, tenía todo planeado. tenía el día, el lugar, la cena preparada y la noche más "romántica" para pedirle que sea mi novia. kiara me sorprendió con una llamada dos días antes. era la primera vez que una mujer invertía los papeles en un caso así. la cena se celebró igual, pero esta vez como pareja. cuando le conté a mi psicóloga lo sucedido, solo se rió y dijo: "pues listo, te ha ahorrado los nervios hombre". irónicamente, kiara siempre me alteró estupendamente mi sistema nervioso.

para tu suerte, querido lector, kiara no volverá, pero es probable que la encuentres tú y puedas iniciar tu propia historia con ella. es viable que algún día la halles en alguna parte de esta ciudad y con el tiempo llegues a pensar las mismas cosas que yo he escrito en este publicación. así que si tú tienes esa oportunidad, cásate con kiara. cásate con mi ex.

A Consuelo

en los meses de algún verano que estuve viviendo en cartavio, luego que mi madre se cansara de verme en casa holgazaneando antes de las clases, conocí una plaza hermosa frente a la casa en donde vivía con mis abuelos. era una plaza mediana con árboles enormes y bancas de cemento que siempre al mediodía quemaban. una imagen de la virgen de la puerta en el centro de la plaza, patrona de la ciudad, acompañada habitualmente de flores que doña dina cambiaba interdiario. eran días divertidos, de hueveo, pichangas y jodas a los vecinos.

desde los viernes hasta los domingos la plaza se llenaba de cartavinos, en su mayoría personas de edad, que se juntaban a comentar las noticias de la semana, algún chisme del barrio o suceso que pasó en la ciudad o en la fábrica de azúcar. la mayoría, acompañado de sus perros. por lo general eran schnauzer o labradores, pero afuera de la plaza estaban ellos. los callejeros. los perros del pueblo. los que rompían bolsas y olfateaban en los tachos municipales. esos que mendigaban afuera de los bares o restaurantes un poco de comida. los mismos que se hacían tu amigo si tenías algo comestible en las manos.

me agradaba la plaza cuando todos se iban y solo quedaban ellos. la abuela me mandaba a comprar algunas cosas al mercado y al pasar por la plaza siempre me seguía uno. le decían lucho. era mi escolta en el recorrido de ida y vuelta, y siempre conseguía que le diera una o dos tostadas del lonche de la abuela, a la cual mentía diciéndole que me comí un par en el camino. lucho se volvió mi pata, siempre rondaba afuera de la casa de la abuela, esperando algún hueso o alguna porción de arroz del día. a veces me acompañaba a las pichangas y esperaba atrás del arco y corría detrás de la pelota cuando esta se iba. menos mal nunca nos reventó una. ¡lucho, lucho, luchiiiito! y aparecía con la cola loca y la lengua afuera, poniendo sus patas en mi pantalón y ladrando contento. lucho nunca se olvidaba de visitar la plaza a pesar de siempre estar por la casa de la abuela. era un perro organizado y recordaba a su mancha perruna que siempre la esperaba por las tardes. lo veía volver ya en la noche y se tiraba a mis pies mientras escribía en la libreta. ¿ha sido un buen día, eh lucho? parecía acentuar con el hocico lleno de pan mojado.

los fines de semana venía panchito. era un can audaz. patas cortas y orejas largas. le gustaba olfatear a los borrachos de las bancas, y si tenían el emoliente o el pan recién comprados, se los llevaba corriendo hasta una esquina. desde ahí miraba si se levantaba la víctima o no. luego, con descaro total, se ponía al lado del borracho y le hacía cariño en las manos. era la culpabilidad del robo matutino. si veías a un borracho y tenía un perro a su lado, ese era panchito. al parecer le gustaba el olor de ron con pepsi o cerveza. un día vi a panchito a mi lado mientras estaba sentado en una banca de la plaza, lamiendo un líquido de una botella en mis manos. al rato puso su cara en mis piernas y empezó a ladrar desafinado. fue una resaca canina compartida.

algunos días veía a un par inseparable, les puse chirigoto y chirigote, dos perros con rasgos de labrador, siempre con algo de barro en las patas. eran medios devotos de la virgen de la puerta. siempre se ponían al lado de la efigie en el centro de la plaza, y no se movían hasta alguna señal de comida a los alrededores. se llevaban bien con los demás perros y le hacían la guardia a doña dina cuando cambiaba las flores. sorpresivamente, les caía comida. como de milagro.

habitaba también por los alrededores, el chato, llegaba en la tarde, a tomarse una siesta bajo el sol. era el engreído de las doñas del mercado que tenían sus puestos de menús. ponía su cara de perro bueno y se convertía en el amo de las sobras. tenía un temperamento de aquellos. no se llevaba bien con lucho, ni con don panchito, porque se unían para quitarle la comida de las doñas. un día el chato se achoró y les hizo frente. hubo tremendo escándalo en el mercado que a la semana pusieron un cartel que prohibía el ingreso de perros al mercado. toda la mancha canina anduvo rondando por ahí, lamentándose por la nueva norma. no volví a ver al chato otra vez por la plaza.

llegaba febrero y con ellos los carnavales. era habitual ver perros mojados andando por ahí. sacudiéndose en los jardines. jugando con los niños del pueblo. ladrando a los heladeros. desparramados en alguna vereda entregados al atardecer y al olor de la caña de azúcar. yo me sumaba a la vagancia de verano y luchito también. tirados en la alameda comiendo chupetes y leyendo a turguénev. desde lima llamaban: ya es hora de volver, dante. la capital significaba en ese momento: aburrimiento, útiles escolares y una casa sin perros (y es que a doña marucha no le agradaban los pelos), es decir, regresar a lima, era mi ascenso al calvario.

el día que regresé, mientras esperaba en el bus, vi a mis abuelos despidiéndome en el terminal y al lado, a mis queridos amigos luchito y panchito, con unas caras que decían: baja, dan, vamos a pelotear con los del otro barrio, esta vez les ganaremos, apura. les hacía adiós con las manos a los abuelos y a la comitiva perruna que me despedía. ellos corrían tras el bus ladrando fuerte y aullando. yo quería bajarme y quedarme con ellos, todo el verano, todo el invierno, todo el año. comiendo cremoladas y escribiendo, tirado al sol, como un perro en la plaza.