Me desbloqueo. Con tu voz en mi oído, café y un abrazo. Con tus manos rodeando mi cabeza. El brainstorming es un juego de niños a tu lado. Cuelgo el marketing, la publicidad, las tareas, y vuelvo a pasar por tu casa, a robarte títulos y frases para mis escritos.

Las ideas se suben al taxi y me has dejado tu gel de manos en las yemas de mis dedos para que te recuerde, para no olvidar que hoy te vi y me he puesto a escribir. Para tener presente que mis bloqueos creativos desaparecen si te veo.
Me he memorizado un mayo,
mi reloj marcando las 7:00 a.m.
y nuestro primer saludo.

Un color, el azul
un plato, el ceviche
una fruta, el durazno
una alergia, al polvo.

Me he memorizado
tus dosis exacta de Kitadol
y que no toleras la lactosa.

Que amas hacer maletas
subirte a aviones
e irte lejos
en búsqueda de los
más bellos atardeceres.

Me he memorizado
que tu sonrisa le hace
bien a mi vida.

Que tu risa
le hace bien al mundo.

Todo está cerrado en estos tiempos por eso Violeta y yo caminamos mucho. Nos conocimos en mayo, en plena cuarentena. A veces nos miramos con complicidad, no lo decimos pero lo pensamos: ¿quién se enamora en una pandemia? ¡Nosotros!, nos respondemos en silencio, como alzando la mano en plena clase. Los parques, los que aún cuentan con bancas y poco resguardo policial, se han vuelto nuestros puntos de encuentro. Siempre con los protocolos, incumpliendo el más importante, quizá: el metro de distancia.

Cuando la conocí solo llegué a ver sus ojos por encima de la mascarilla y supe que no había vuelta atrás. Hablamos de todo menos de la pandemia. Lo que parecía un escape del caos mundial terminó siendo un giro para mi vida de 360º. Ahora quiero ser chef y diseñador de interiores. Quiero que esta crisis se acabe e irme con ella a Colombia o a Buenos Aires, aunque pareciera que no tuviera cuando acabar, quisiera estar haciendo postres nuevos en todas las pandemias que vengan.

Violeta me cuenta de Ilo, de su infancia en el puerto y de su etapa en la universidad. Yo me quedo mirándola, hipnotizado de sus ojos y de la forma en que hace bailar sus lentes. Un día bajamos nuestras mascarillas y a la noche no dejé de poner su nombre en cualquier papel que se me cruzó. Me quedé pensando que de toda la música del mundo el sonido más sublime que había escuchado hasta ese momento, era su risa.

El mundo colapsa y aunque pueda sonar al más irresponsable, cursi o patético, por primera vez en mi vida no me importa si es el fin, al lado de ella y sus dos poodle, todo está bien.

Te escribo porque por alguna razón para ti siempre hay palabras, así ni recuerdes ya mi último peinado. Siempre que me enfrento a una hoja en blanco apareces tú. Eres mi recurso literario desde que te has ido. Cómo es posible ¿no? Luego de tantos años resulta hasta patético pero no puedo explicarlo. Hasta el día de hoy le he colocado algunos títulos pero ninguno creo hacen honor a la verdad. Nunca faltan las perfectas oraciones y los pucheros con insomnio. A veces creo que es la bronca por no saber de ti, por no tener la magna suerte de cruzarme contigo por la calle, y Lima es tan pequeña comparada con otras ciudades. Pero por alguna razón ni siquiera veo tu espalda en alguna fila del Metropolitano o del Corredor. Pareciera que estratégicamente te has borrado de mi mapa.

Por cientos de razones, espero que sigas así.
Hace 6 años intento ordenarlo
todo en mi cabeza.

Al menos que todo encaje
que los días engranen
que la vida no pese mucho
y adaptarme a un mundo
que no entiendo.

Hace 6 años
que tu cerquillo
sigue haciéndome cosquillas
al hipocampo.

Que me bebo los días
las semanas
y los meses.

Que no me siento igual
y para serte sincero
ya perdí la esperanzas
de volverme a sentir así.

Ahora solo sigo el plan,
¿tú también?