Gracias por este poema, Consuelo, que no tiene título, pero el cual me agrada declamar cada vez que tengo una oportunidad. Un abrazo hasta donde estés, querida.

Quédate con tus compromisos.
Los anillos.
Las cartas
y las promesas.

Yo no me llevo nada.
Te lo obsequio todo.
Hasta los poemas
que todavía no te escribo.
Hasta las mentadas de madre,
a tu cuerpo de leche.
A tus cabellos negros,
a tus ojos de gata,
a todas las canciones de Sabina,
a la gramática y la sintaxis,
a toda esa complejidad.
A los carajos,
y las correcciones
de texto,
de cuerpo,
y de ideas
que me dejaste de tarea.

Llévatelo todo,
que en mi maleta
ya no entran.

A mi me basta
con mi libertad
y un par de hojitas
de coca,
para ir chacchando
en la vida.


Poema: Consuelo Solis R.


Lince. 1:46 p.m.

Soy una tormenta acercándose a ti,
la voz que no te deja dormir,
esa película de terror favorita,
acontecimiento para olvidar,
vicio diario, bolero de bar.

La sed desértica
y el agua que la calma,
virus en corriente sanguíneo,
incendio sin apagar,
perro que rompió el bozal.

Un deseo ilícito,
la brujería que salió mal,
el chaleco antibalas,
velorio y sepelio,
lluvia de granizo y sal.

Me acerco a tu garganta
con todas mis maldiciones
armado de versos desquiciados,
porque si invocas al diablo
puede que te despierte por las noches.

Ha salido un poco de sol. Son las 4:58 p.m.
esto lo escribo en directo. mientras viajo hacia casa. he decidido escribirte sin preocuparme en lo que dirás después. solo escribirte. como siempre. 
hoy es tu cumpleaños. había planeado hace un año lo que haría hoy, y hoy, ya no estás. solo tengo esto al final de toda la historia. una libreta, mi ron de toda la vida y los cigarrillos que siempre odiaste. da igual. aprendí a sobrevivir, pero sobretodo, aprendí a salvarme solo.
tengo una canción sonando en la cabeza. una canción que me recuerda a ti. me recuerda cada cajetilla. cada caminata. cada canción. cada beso. cada mirada tuya. ¿dónde se apaga? ¿dónde me desconecto? aún sigo teniendo tantas preguntas. espero algún día responderlas todas.
te he escrito tanto que hoy solo quiero desearte muchos años más. que espero puedas encontrar esa paz que tanto buscas. yo tampoco la encuentro aún. las madrugadas siguen siendo una pesadilla. ojalá habite aún por tu cuarto aquella chica de cabello alocado y mirada rebelde que conocí. gracias por todo lo que diste para que hoy este tipo pueda viajar por la ruta correcta.
no hay rencores.
te amo, siempre.




Óvalo Bolognesi. 11:03 p.m.
un día empecé a escribirte con el hígado. para destruirte y para destruirme un poco. para levantarme por las mañanas, maldecirte algunas horas y posteriormente seguir con el día. un jueves empecé a hacerte preguntas sabiendo que las respuestas tardarían algunos años. un lunes bebí con boleros imaginando que era un viernes. fue una resaca larga. 
un martes escribí frente a tu edificio, esperando el taxi a casa. un jueves manejé desde barranco hasta bellavista, y sobreviví, incluso con bajas en el camino. un sábado y un domingo tomé café en mismo lugar donde te vi por última vez. fue sublime y a la vez triste. un miércoles viajé con mi pipa por los mundos del pirata roberts y fui el rey del mundo.
escribo para no congelarme y este invierno que aprieta los huesos. aún hay oxígeno para continuar. quiero irme a casa a tomar un baño con agua caliente. seguir destruyéndote. haciéndote polvo. desapareciéndote de todos los rincones y esperar al día siguiente.
A Ricardo

nunca me gustaron los cementerios. mucho silencio. muchos recuerdos. aprendí a persignarme aquí. mirando a otros. me sentía mal cuando no lo hacía. me sentaba horas y ponía un vaso encima de tu tumba e imaginaba que bebíamos como los viernes frente al estadio.

cuando te fuiste venía todos los domingos. luego de escaparme de la iglesia de mis padres. decía que iba a pelotear o que iba a hacer algún trabajo del colegio. tomaba la panamericana y llegaba al 'campo fe'. empecé a escribir muchas cartas imaginando que me las corregirías al día siguiente. todas están guardadas. algún día espero publicarlas.

hoy, luego de años, he venido a visitarte. siempre que me he sentado frente a ti ha sido inevitable no llorar. no recordar momentos a tu lado. peloteando frente a matute. bebiendo en quilca. molestando a doña rosa en temporada de carnavales. yendo a comer turrones hasta hostigarnos o a comprar vinilos. caminando rumbo al estadio. saltando en sur. alentando en sur. llorando en sur.

dicen que tengo futuro como escritor. ¿tú crees? extraño cuando me decías. “algún día vas a publicar una novela o algo parecido y te van a conocer, solo tienes que creértelo carajo”. tengo días en los cuales no puedo dormir. ya no me drogo. tampoco bebo como antes. hay noches que tengo miedo pero no sé a qué. me levanto intranquilo. salgo a correr y luego intento otra vez dormir. siento que hay algo que aún no dejo ir. quizá seas tú.

¿sabes algo de pamela? ¿está contigo? no la he visto desde hace años, para ser más exactos, desde el día que te despedimos. extraño su sonrisa, su arroz con pollo, sus vestidos, su olor a canela. aún recuerdo lo último que me dijo: “sé un buen chico y cuídate mucho”. me abrazó fuerte, como si nunca más me volvería a ver, y se fue. tal vez también iba a darle un giro a su vida.

a veces siento que todo a mi alrededor me asfixia o me aburre. a veces también quiero irme lejos. acercarme posiblemente un poco a ti. para sentirme menos solo y menos triste. no sabes cuantas falta me haces, papu. guárdame un lugar. algún día iré por allá. espero que me recibas como siempre me recibías en tu casa, como un hijo, como uno más de tu familia.

te extraña y te quiere mucho.
dan.