Hannah, gracias, por aún acordarte con tanto cariño de mí.

Te mato con ganas,
para que de una vez por todas
no vuelvas a pasar por mi trabajo,
te mato con dedicación y esmero,
para que sepas que me importaste
hasta el día en el que me asesinaste.

Te mato con cariño
para no verte la cara nunca más,
para que no aparezcas con tu libreta
y tu pinta de escritor de los ochentas,
te mato, a ti y a tu iPod, con sus canciones,
te mato, porque ahora sí puedo hacerlo.

Te mato con todos mis poemas,
con mis escritos desordenados y cursis,
y estoy segura, voy a disfrutarlo,
porque aprendí a escribir así,
con el hígado ardiente en una mano
y el corazón destrozado en la otra.

Te mato con las fuerzas que me dejaste,
con las frases de mi madre,
con los consejos de mis amigas,
te mato con mi orgullo,
porque lo he encontrado
después de mucho tiempo.

Te mato con mi voz,
con la chillona, con la sonora,
con mi canto y todos mis gallos,
te mato con mis tacos y mi maquillaje,
con mi rímel, que no se correrá nunca más,
con todas mis trenzas rebeldes y alocadas.

Te mato, y me bebo medio bar,
brindando por mi asesinato,
celebrando mi crimen encima de tu tumba,
te mato y hago fiesta,
porque las buenas acciones se celebran,
y con buenos sorbos de alcohol.

Te mato
porque me enseñaste a resucitar,
y fue lo peor, para ti, que me pudiste enseñar,
porque ahora he vuelto, más decidida que nunca,
con el objetivo claro y conciso,
de matarte las veces que se me plazca.

Está lloviendo en Lima y me pregunto si ya fuiste a clases. Espero no te hayas distraído con las ardillas del bosque y los chicos del equipo de baloncesto. Me preguntaste por qué no escribía. He querido ponerme al día estas semanas, sin embargo, algunos rollos personales me han distraído. Te pondrá contenta saber que ya todo está solucionado y que he vuelto a tener el control de mi vida.

Por fin renuncié a mi trabajo. Me cansó la falta de respeto y valoración a mi esfuerzo y conocimiento. La informalidad y mediocridad de algunas empresas es detestable. He empezado a buscar empleo. Me urge encontrar un trabajo pronto, viene marzo y tengo que volver al instituto además de pagar mis deudas. He pensando en publicar la novela que te comenté y vivir siendo escritor pero creo que esos tiempos de sobrevivir con tu arte ya pasaron. No lo sé, podemos conversarlo cuando vuelvas.

Me he propuesto publicarlo para el fin de verano. No tengas duda que enviaré una copia a Misuri. No tengo idea en donde la presentaré. Maia me dice que lo haga vía streaming. Me estoy inclinando por esa opción. También pienso subir el poemario que escribí el año pasado, el cual está listo para ver la luz pero que por pendientes de la carrera no he podido hacer. Ese también te lo haré llegar con las salsas peruanas que extrañas tanto.

He recibido las fotos que me enviaste de tu viaje a Canadá. Los paisajes se ven increíbles. Espero realmente algún día hacer ese viaje contigo y no volver aquí. Últimamente esa sensación se apropia de mí. La idea de alejarme de Lima ronda mi cabeza con cada vez más intensidad. Debo hacer ese viaje. Poner mis días en 'Modo avión' y sentir esa paz que anhelo hace mucho tiempo. Sé que es cuestión de meses para que me veas en Marshall. Espérame un poco más. Ya llego.

Con una sonrisa.
Dan.

Las imágenes más vivas
son tus dedos hundiéndose
en mis mejillas,
tus brazos abrazándome la vida,
tu sonrisa de anime,
tu risa "silenciosa".

Tu maquillaje a lo Amy Winehouse,
tu manera de servirte los tragos,
la inclinación de tu cuello al fumar,
tu sarcasmo ideal para un mal día,
tus jodas, tus bromas y tus malos chistes.

Los que nunca entiendo
pero igual me hacen reír.

¿En dónde estás Doña Sarcasmo?
Quizá bebiendo en algún bar
o en algún parque con tus chatas
o tu pisco que nunca abandonas.
Sé que en donde estés, estarás
oyendo canciones de los ochentas
y acompañada de una caja de cigarrillos.

Las fotografías más vivas
son tus giros con vestidos de colores,
el tatuaje detrás de tu oreja,
tu lunar ubicado a centímetros
de tu ojo izquierdo,
tus blusas, tus pírsines y tus infaltables Converse.

Las que extraño al caminar
cuando decido irme, un poco, a la mierda.




He tenido esos sueños. Volvía a ti y dejaba de escribir para ponerme a escuchar canciones antiguas en tu viejo tocadiscos al pie de tu cama. No tengo que volver a dormir. Te he visto muy clara. Convencido de que no cierras aún la puerta, te envié un mensaje. "Me robaron las tarjetas, ¿puedo pasarte dinero a tu cuenta para que me lo entregues?" Te solidarizaste pero en tu voz noté que sigues creyendo que lo nuestro es un laberinto adictivo al cual le faltan las salidas.

¿Por qué te llamé esa tarde? ¿Por qué estabas tan elegante y mis ojos me delataron? Sumé capital a tu egocentrismo. Te compré el ticket de ida y vuelta a la Luna. Me miraste con esos ojos de ninfa malévola y te abrí la puerta, otra vez. Iniciamos una conversación común y corriente. Las típicas preguntas que haces luego de no ver a una persona en mucho tiempo.

Empezaste a mover las manos. Porque siempre que hablas mueves las manos. Empezaste a agitarlas de un lado a otro y las leyes de aerodinámica dejaron de existir para mí. Después de pensarlo bien, caigo en la cuenta, que es difícil escribir de ti y no pensar en tus manos. Te veo acercarte a mí. Un vestido lleno de girasoles envuelve a mi droga favorita.

No hace falta decirlo, estamos complacidos de estar juntos otra vez. Ubicados en la parte trasera de tu auto pienso por un momento en huir. Todavía tengo tiempo. ¿Lo tengo cierto? ¡Rayos! ¿Dónde quedó aquello que nos diferencia? ¿Lo que no soportamos uno del otro? Lo necesito para abrir esta puerta. No aparecen y empiezo a dudar si es que en algún momento existieron o solo fueron proyecciones de nuestro egocentrismo.

Es inútil. Sigo amagando tu mirada con la voz de Jevetta Steele de fondo. "Todo está bien Dan, ya pasó, no hablemos del tema". En ese instante, me siento Nick Dunne de Gone Girl, precisamente en la escena inicial de la película, preguntándome mientras te acercas: "¿Qué estás pensando?¿Cómo te sientes?¿Qué nos hemos hecho el uno al otro?" Nos reímos cómplices. Nos brillan los ojos de felicidad. Tenemos motivos.

- ¡Volví!
- Quién lo diría

Descifrarte siempre fue una tarea ardua. ¿O descifrarme? Recuerdo tus frases: "Tu cerebro funciona como el de un comediante deprimido en una historieta antigua"; "Mi vida es una canción de The Who"; "Lo peor de la vida es entender las cosas mucho tiempo después de que hayan sucedido"; "Voy a hacer algo que cambiará tu vida para siempre: pediré pollo a la brasa" o la típica: "Creo en ti, a quien no creo es al tipo de tu espejo".

Hablamos tanto esa noche. Del diplomado que estás a punto de terminar, de tu nuevo auto y de Chompiras, tu schnauzer travieso; te conté de la carrera, mi nuevo departamento y el poemario que aún no termino. Nos veneramos con las miradas. Sonaban nuestras canciones favoritas y las sonrisas estaban desparramadas. 'In the Morning' de The Coral hace su aparición. Mueves el pie y la cabeza de un lado a otro. Que linda estás, pienso, pero no lo digo.

Nunca lo dije. Los errores que incluyen el silencio son errores que pagas caro. Aparece la bronca con uno mismo. No pude decirte todas las palabras que imaginé decirte cuando te volviera a ver. Y ayer quise contarte tantas cosas más. Que aún no aprendo a bailar. Que sigo comiendo panetón todos los meses y que ver películas sin ti es totalmente aburrido. Que pronto voy a publicar un poemario dedicado a ti y espero que estés ahí para entregarte una copia. Que extraño tu voz por las mañanas, tus vestidos, tus peinados y chistes random. Que la señora María me sigue preguntando por ti y cada vez me cree menos cuando le digo que estás de viaje. Que la próxima semana voy a declamar en San Juan y me gustaría que fueras a verme. Que me voy a mudar a un lugar más cerca al mar porque me gusta ver el amanecer junto a la neblina. Que no estoy hecho para la nostalgia. Que, a pesar de todo, me va bien. Que me gustaría que luego de tantas idas y vueltas nos sentemos a tomar esas cervezas que nos debemos desde que nos conocimos. Que a fin de año me voy de Lima y regreso cuando acabe el verano; que necesito una ciudad menos ardiente que esta. Que no ha habido semana en la cual no he recordado la posición de tus brazos al fumar.

Lo más importante, Carolina, quise contarte que te he extrañado desde la última vez que te vi y que, estoy seguro, estoy desperdiciando este tiempo sin ti.

A Hilda

Todo lo que necesito esta noche quizá sea una copa con vino y galletas de agua. Recuerdo que cuando el blog cumplió un año me metí una borrachera con Maia de la cual tenemos pocos registros. Queríamos celebrar el pequeño gran éxito. Era un año escribiendo y publicando en tiempos donde el boom de los blogs vivía ya su etapa decreciente en la Internet. Sin embargo, muchos seguían publicando. Aún habían lectores merodeando, pero más que eso, estaba la pasión por seguir haciéndolo. Pocos sobrevivieron a la aparición de otros canales de comunicación.

Le comenté que lo tomé como un gran logro personal y medicina para mi baja autoestima, ella respondió con una sonrisa y palabras de aliento. Siempre tan bondadosa. Siempre tan sonriente. Me gustaría saber si voy a encontrar a alguien que tenga tanta fe como la que tienes tú. Me gustaría saber si un día por fin iremos por picarones al Centro de Lima. Lo más irónico es que siempre estamos en algún bar del Centro y no vamos. Yo creo que sigilosamente esperamos que ese día no pase para así seguir bebiendo ron con canchita en Quilca, y que en algunos años tengamos como excusa una tarde con café y picarones en la Alameda Chabuca Granda.

Probablemente lo que hoy necesito es perderme en esta ciudad que amo y la cual detesto a veces. Caminar hacia cualquier parte o tomar mi bicicleta y solo pedalear. Cantar para los adentros. Susurrar poesía por la vereda. Estoy tratando de ayudarme a mí mismo. Estoy aprendiendo a ser un mejor hombre. Quizá hoy no necesite amor. Tal vez hoy no necesite un beso o un abrazo. Quizá debería intentar dormir una noche del mes. De una vez por todas.

Este ron sigue sabiendo mal. 

¿Por qué tanto egocentrismo? ¿Por qué no puedo quererte bien? Es posible que sea la estupidez de la juventud, o mi orgullo, o mi cobardía o mi falta de compromiso. Qué carajos será. Hiciste bien en irte de Lima. Un día ya no supe de ti. Te busqué y llegué a enterarme que estudiabas en Barcelona. Que empezaste a escribir de tus terapias. Me alegró saber que estabas mejor. Bailando en la escuela, otra vez. Concluí que realmente no debía buscarte más. 

Hoy es un buen día para sentirse derrumbado.

He llegado a concluir que necesito una mujer que me ignore durante la cena. Que le caiga un poco mal. Que me hable de otros hombres durante la noche. Que me quite las ganas de ser feliz. Que me abra heridas, que me deje moribundo, sin reparación, solo. Una mujer que no me extrañe tanto como tú. Pero será acaso la estupidez. Qué carajos será. Llegamos a desear que acabe el año como si el fin de un período significara el fin de nuestros problemas. Llega enero y sigues igual de jodido.

Los objetivos, las metas, los sueños son los únicos que te mantienen firme ante cualquier tormenta. Tienes el control del barco. Todo está bien. Espero que sigas escribiendo desde España. Tienes a un fiel lector al otro lado del mundo. Por esta parte, quedan algunos asuntos pendientes que poco a poco van encontrando soluciones. Como dicen, tiempo al tiempo. Creo que al final eso es todo lo que necesito. Tiempo.