Se oye Losing My Religion de R.E.M en un cuarto azul de la avenida San Martín. Malditas fechas que te sacan conejos al cerebro. Quizá esos recuerdos de Facebook deberían estas prohibidos. Penados. Aparece un texto del pasado, una canción publicada o una foto de ese concierto y detestas a Zuckerberg, se revuelven las imágenes mentales y como estás tan loco se te da por abrir esa pregunta irracional: ¿Qué será de su vida?
Pensé que habíamos quedado en que muchísimo mejor sin ti.
Primer paso: la búsqueda. Hallas su perfil a pesar de que su privacidad está al máximo, justamente para eso, para alejarse de ex como tú. Segundo paso: stalkeo. Aún sigue amando los vestidos de colores y poniendo de portada escenas de películas antiguas con alguna cita interesante. No puedes ver más. No eres ni amigo.  Tercer paso: abres una botella de vino.

Sigue escribiendo en su blog y te pones a leer. Tu día empieza a caerse como en una escena de Inception. Te ves parado frente a ella, torpe y tonto. Qué bonitas fotografías y se cambió el look. Le queda bien. Se ha quitado ese tatuaje del brazo, el que te atormentaba. Se ha ido y no por ti. La cara de aún de niña a pesar de que es mayor que tú. Una vida saludable en todos sus aspectos definitivamente te mantiene joven.
Te quitaste tatuajes y yo me hice algunos. De los que tanto renegaba. Terminé viajando solo como dije que nunca haría. Renuncié a mi cabello y me dejé la barba. Me compré una bicicleta y dejé mi trabajo. Me independicé y casi incendio un distrito. Restauré mis brazos y piernas porque no opté por rendirme. Aún hay fuerzas. Aún hay corazón.
Cuarto paso: reproducir la lista de canciones prohibida mientras caminas. Mientras reflexionas. Porque la nostalgia no solo debe venir con bajones emocionales sino con algo más. Quinto paso: escribir. Todo no puede quedarse en solo un repaso de buenos y malos recuerdos. Tú mente no debe ser tan binaria. Haz catarsis para encontrar ese equilibrio, te darás cuenta que los días irán pasando y todo volverá a la normalidad, sabrás la respuesta a la pregunta inicial de este texto y eso será suficiente para continuar.
Hace un año.

Acabo de verla en unas fotografías con la sonrisa a todo dar. Con esa sonrisa habitual cuando sellas un pacto importante. Con el vestido blanco haciéndole reverencia a los invitados. Con el cabello color intenso, es que da igual el color, la protagonista es ella. Sí, mi crush universitaria acaba de contraer matrimonio y le he notificado mi alegría tocando dos veces la pantalla. Lo peor es que nunca le dije que era mi crush, aunque viendo el desenlace, me resigno noblemente a estas líneas y a esta nostalgia con mucho cariño y respeto.

Recuerdo la primera vez que la vi. Una versión perucha de Selena Quintanilla, pero seria y con lentes de secretaria sexy. Una trenza francesa y casaca de cuero. Quijada bien levantada y siempre ocupada. Me informaron que pertenecía a esa élite académica de la universidad no apta para vagos como yo, que lo era en ese entonces. Palabrerías, dije. Al instante indagué “superficialmente” sobre ella. Su nombre es Angela, con novio, trabaja en tal lugar, es de este ciclo, es amigo de tal. Información básica necesaria para evolucionar a un stalker pavo.

Al final de todo no fue ni un pinchazo a las esperanzas. Porque realmente mis chances eran totalmente nulas. Descartado incluso antes de entrar al estadio, me resigné a escribirle cartas que nunca llegaron a ella, por obvias razones. Cartas que fueron catarsis con mi crush ausente hasta el día que, como es natural, conoces a otra persona.
“Querida crush. Solo quería decirte que tu relación me inspira. Hubiera querido empezar una relación como la tuya. De años, de planes, de promesas, sin embargo, mi vida amorosa es un desastre e intento organizarla entre el caos de los finales y mi nuevo trabajo. ¿Cómo se hace? ¿Cuál es la ecuación secreta? ¿Existen tips o consejos? A veces tantas preguntas se responden con una simple respuesta, ¿no? Intuyo que tú debes saberla.”  
“Angela, a veces quiero irme lejos, no soporto Lima, no soporto mis nervios y mi TOC, no soporto a la gente. No sé qué me pasa. He leído un post de tu blog que me ha dejado pensando. Se titula ‘La complejidad del amor’ me he quedado pensando en una frase: El amor es una decisión. Quizá esa frase pueda cambiar mi vida.”
“Crush, me gusta tu cabello. Es el mejor laberinto para pasar un fin de semana, con canciones de Henry Mancini y poemas de Bukowski. Con una pizza enorme y cervezas, para olvidar que hay cuentas a fin de mes, que la política es una mierda y que otra vez no vamos a un Mundial.”
La veía pasar y me quedaba embobado hasta de sus Converse. ¿Y si le hablo? Siempre descarté todas las ideas posibles para notificarle mi existencia. Mi crush siguió su vida y yo la mía. Terminó la universidad y hasta el día de hoy no la he vuelto a ver más que en sus archivos fotográficos digitales. Los mismos que me notificaron hace algunos días su boda. Sí, con el mismo novio de hace unos años. Genial, ¿no?

Ella bebe y sonríe en su despedida de soltera y yo sonrío con ella. Porque al igual que hace algunos años solo me queda ser un espectador y alegrarme por la felicidad de mi crush. Porque la vida es así. Porque no fuiste tú y punto. Solo quedan los buenos deseos y estas líneas. Este café y las 3:45 a.m. en el Malecón. Una hora ideal para escribir de mi crush favorita.
“Éxitos en esta nueva etapa, Angela. En el fondo espero algún día casarme como tú. No a lo Pinterest, me basta con algo sencillo, siempre lo imaginé así. Tan de ir y entregarse la vida y voltear por un chela. De un tiempo a esta parte solo me importan que las cosas sean reales. Libre de máscaras y disfraces. Brindo por tu boda, porque estás esbelta y churrísima. Por el nuevo comienzo, por tu esposo, por ti. Por mi crush casada.”
Suena 'Pet Sounds' de The Beach Boys en la habitación más oscura de Santiago.
"Necesito que tomes el próximo vuelo, pero sé que no lo harás, sé que no te convence del todo venirte a vivir a Chile. No es la ciudad en la cual te ves viviendo, y está bien, no todas las ciudades van a gustarte, sin embargo, deberías evaluar todas las propuestas. Estoy casi segura que sigues escribiendo a plena luz del día con la laptop bajo la frazada. En tu versión de 'Castle Byers' con tu taza de Alianza Lima al costado. Como queriendo alejarte de todos y lográndolo. Evadiendo el ruido de la ciudad y las voces tras las cortinas. 
Yo he caído en una relación de amor y odio con mi computadora. He vuelto a lo tradicional. Papel y bolígrafo. Hace poco una señora en el colectivo se sorprendió de verme escribir en vez de estar en mi móvil. No le veo mucho sentido a ponerme a escribir en ese formato. No me siento cómoda. No me acoplo tan rápido como otros, tal vez. Tampoco me siento cómoda leyendo un libro en una tablet. Extraño el olor a libro viejo, a libro usado. No oigo ese sonido típico de hojear un libro en un PDF. Pero no entremos en ese tema. Termino sintiéndome vieja, pero son rollos míos. 
Quiero irme de Santiago por unos días. Quisiera ir a la tumba de mi abuelo. Mi amado Tito. Lo extraño mucho. Luego de cuatros meses pude recién entrar a su viejo despacho sin desplomarme. Posee un archivo cultural impresionante. Hay reliquias en ese lugar. Más allá de una diversa biblioteca, destacan los más de 400 vinilos que guardó desde joven. Mi abuelo amaba esos vinilos. He oído algunos. Los ponía cuando iba a visitarlo los fines de semana y cantábamos en coro canciones de The Beatles.
Sin embargo,  hace unos meses hice más que eso. Me puse a investigar sobre sus vinilos. Quería saberlo todo. He terminado comprendiendo más por qué Tito amaba tanto los domingos por la tarde. Iniciaba un ritual en donde localizaba en la mesa de centro de su despacho: un puro, un vaso con whisky y un vinilo. Terminaba de leer el diario e iniciaba. 
Tito amaba  a Jim Hendrix y el primero que encontré de él fue 'Electric Ladyland' con el grupo Experience. Con la polémica portada que ni al mismo Hendrix le gustó, decía que desmerecía a la música. A mí me parece fascinante. ¡Tetas libres señores! Me terminé memorizando el estribillo de 'All Along The Watchtower'.
Otra banda favorita de mi abuelo era sin duda, The Rolling Stones. Tiene mucho material de ellos. Hasta unos gemelos. El primer disco que compró fue 'Out Of Our Heads'. Luego agregó 'After Math' y 'Beggars Banquet'. Supe que este último marcó la salida de Brian Jones de la banda. 
Si mencionabas a Sinatra, era mejor que te cuidaras si decías algo que no era cierto. Tito sabía todo sobre Frank Sinatra. Un fin de semana tuvimos una maratón de él. Empezamos con su disco 'Strangers In The Night' de 1966 y terminamos con 'Pal Joey'. Película protagonizada por Sinatra y la glamorosa Rita Hayworth y dirigida por George Sidney, el mismo que dirigió el clásico 'Levando anclas'. 
Descubrí también un álbum de rock folk. Está ya un poco gastado. Al parecer lo habían reproducido muchas veces y sin cuidado. No quise ponerlo en el tocadiscos sino más bien buscarlo en alguna plataforma digital. Terminé enamorándome de 'Sounds Of Silence' de Paul Simon y Art Garfunkel. El disco está dentro de los 100 discos más vendidos de los 60s. Una joya de aquel par.
Gracias a Tito, también conocí a Ray Charles y algo bello llamado 'música country'. 'Modern Sounds In Country & Western Music' representa la esencia de Charles. Su voz suave y la cuerda de acompañamiento hicieron todo un éxito el álbum. He dormido con 'You Don't Know Me' sonando en la laptop. Me pegué muchos días con 'If You Can Believe Your Eyes And Ears de 'The Mama's And The Papa's'; en la cena por los 50 años de mamá puse 'G.I Blues' de Presley y la promoción de su colegio empezó la Hora Loca; cuando estuve bajoneada tras terminar con Esteban, la voz de Bobbie Gentry en 'Ode To Billie Joe' me dibujaba una sonrisa en el rostro. 
Los vinilos de mi abuelo me han acompañado desde su partida. Tito me ha dejado más que una colección de discos, más que libros, más que afiches de películas antiguas, más que casetes. Más que un museo cultural invaluable. Me ha heredado conocimiento. Me ha educado estando presente físicamente y también en su ausencia. Me ha hecho valorar más y entender más la evolución cultural en el mundo y eso no tiene precio. Ahora ya sabes, si yo no te convenzo de que vengas, lo hará Tito y su museo privado. (...) 
Fátima" 
Walkover

Las rutinas, la odias. Detestas el ketchup. Te gusta el arroz con poca sal y no cambiarías por nada tus vinilos así como tus dietas para el verano. Cantas en la ducha y callas en los ascensores con mucha gente. Siempre mintiendo sobre tu edad. El tatuaje de tu tobillo, lo odias también. Por ti y te lo sacarías. No pueden faltar las flores en tu habitación. Un té siempre antes de dormir. El noticiero de la mañana siempre con café. ¿Aún ocultando esa cicatriz en la rodilla? No se nota. Te lo dije muchas veces. ¿Para beber? Tu infaltable rosé con tequeños picantes. 80s siempre; viajes, por todo el mundo; escribir, en todas partes.

Y no, lo peor no es saber quienes son tus 10 actores favoritos, lo peor de conocerte tanto es saber que tu orgullo ganará esta partida y no darás vuelta atrás.

Don y Doña Contreras

El tiempo pasa. La espera se ensancha y no cabe más en el desayuno. Como diría Gus: "Más que un pregunta, una respuesta, ¿qué otra cosa puedo hacer". La lista de bares en el refrigerador te mira con una sonrisa y descubres lo disponible que estás para los brindis. La consigna es no ver su cara en mi vaso de cerveza. Realmente es no verla en ninguna parte de esta ciudad. Ni en los paraderos, ni en ningún medio de transporte. Por ahí leí que cuando más evitas algo tiendes a causar el efecto contrario, atraerlo a ti.

Dando un ejemplo de una brillante terquedad los polos opuestos, los enemigos públicos y amantes bélicos se ponen a cenar, a hablar de Ringo y la muerte de Robert Johnson, a debatir sobre política y terminar imaginando un utópico futuro apocalíptico.

A Eyvi

Nosotros tampoco lo entendemos, Eyvi. Y nos llenamos de preguntas, pero ya te has ido. Apretamos puños y susurramos posibles castigos para el culpable, sin embargo, seguimos sin hacer nada. Y fervientemente nos localizamos en un “Me enfada”, pero seguimos quietos mientras más sonrisas se encienden en llamas. Las llamas de gobernantes y representantes preocupados en arreglos florales y sacar su pedazo del pastel.

No, no lo entendemos Eyvi. Quizá nunca lo entendamos, y tal vez, reaccionemos cuando sea demasiado tarde. Cuando estén todas convertidos en cenizas.

¿Está haciendo frío por allá?

Mi rutina cambió. Ahora bebo más café y fumo menos. A veces paso por donde te estacionabas tu auto y me pone triste pensar que nunca más lo veré ahí. Que nunca más volveré a abrazarte y a comer los ricos almuerzos que preparabas. Extraño mirar tus ojos marrones y sentir que tengo esperanza. Que a pesar de ser como soy, puedo sobrevivir. Porque mi vida es entera supervivencia.

Moqueo un poco. No hay nadie en la calle. Mi balcón me relaja y es en estas noche que quisiera irme por un rato a Misuri, esperarte afuera de tu universidad con mi bici y no volver a Lima nunca más. Porque esa sensación de desaparecer contigo la querré siempre, cada momento que venga a mi cabeza tu nombre.
¿Y si te pudiera dejar mis ojos
para que te veas como yo lo hago?
¿Y si me prestaras los tuyos?

Tal vez seríamos capaces
de ver la forma física del amor
al fin.

A.

Kiara bebe a diario. Bebe hasta quedarse dormida en mis brazos. Saca vasos de plástico y convierte su cuarto en un bar para dos personas. No quiere oír a sus amigos y ya le aburrió leer. Ahora se ha dedicado a ver películas y series todo el día. Se ha mudado lejos de la casa de su padre. No lo quiere ver. No quiere terminar la carrera para él y menos seguir recibiendo su dinero. Por eso ha optado por la independencia. Por llegar a la hora que se le plazca a su cuarto, por no notificar a nadie en donde anda, por cuestionarse menos y hacerse más pajas en las noches. "Las mujeres piensan que decir "hacerme una paja" es solo para hombres", me dice mientras termina la segunda botella. Quiere ahorrar para pagarse la carrera ella sola y terminarla con sus ingresos. 

"No quiero que me entiendas solo que te quedes, bebe conmigo, rajemos de los que cruzan las piernas y hablan de Godard para sonar intelectuales." Me quedo con ella viernes y sábado, el domingo almorzamos pizza con Pepsi. Vemos 'Strangers on a Train' de Hitchcock. Vuelve a quedarse dormida en mis brazos mientras Ruth Roman y Farley Granger se miran con recelo. Es la borracha más rebelde del condominio y también mi novia.

Escrito: 04/17